¿Quién está detrás de la pantalla? ¿Una proyección de la vida real o un deseo e ilusión virtual?
La mente de las personas puede llegar hacia espacios muy lejanos, hacia donde ninguna teoría puede asegurar fehacientemente. En este nuevo mundo 2.0, en el que estamos sumergidos y nos hundimos cada vez más, es muy común mencionar las características que tienen los nuevos usuarios que navegan en la red.
¿Qué hacen y quienes son éstos nativos digitales?
Se sabe que éstos nativos utilizan más de un medio de información al mismo tiempo, lo que supone estar expuesto a medios tradicionales más de 44 horas diarias[1]. La selección y la participación son dos características intrínsecas que hacen a la conformación de los usuarios en la web 2.0. Esto data de la gran accesibilidad y aceptación que han adquirido de los medios digitales en nosotros.
La tipología más difundida sobre los usuarios de Internet los califica en 4 grupos: los profesionales, los aficionados, los perturbadores y los adictos. Desde utilizar el medio para trabajar, entretenerse o informarse hasta la dependencia total a la conectividad (física y psicológica)
¿Hasta dónde somos capaces de llegar dentro de un medio que no ofrece limitaciones? ¿Se puede satisfacer todas las necesidades que no podemos concretar en la realidad?
En Internet podemos hacernos a nuestra propia imagen y semejanza. Podemos reflejarnos tal cual somos en la realidad cotidiana o podemos ser lo que siempre deseamos ser.
La pregunta está en cuando somos eso que queremos ser, ¿Qué somos, qué hacemos?
Se supone que la identidad digital que adoptamos es un medio estratégico para alcanzar un determinado fin y ocupar un lugar en el espacio. El anonimato es una característica intrínseca a la constitución de Internet, pero nuestra presencia se puede manifestar de diversas maneras. Los nicks, alias y avatares son las re-presentaciones (psicológicas o icónicas) que adoptamos para navegar cotidianamente por el mar de la red y diferenciarnos entre nosotros.
Estas representaciones toman forma, tanto en la inmensidad de
La psicología de cada navegante, o de cada avatar, se manifiesta en el tipo de identificación que adoptamos y creamos. Podemos crear avatares que nos representen tal cual somos en la vida real, lo que significa “desnudarse” ante el mundo virtual; o podemos crear aquella personalidad que siempre deseamos y siempre quisimos ser, pero que por alguna razón no definida no podemos exteriorizar.
Los grados de identificación de nuestras identidades virtuales tienen diferentes connotaciones de acuerdo al ámbito de encuentro en el que nos insertemos. Tal es así que nuestros nicknames se expresan como representaciones concretas en conversaciones digitales e interacciones digitales que mantenemos. Los nicks van desde nuestro nombre de pila hasta esa proyección animada que traemos en nuestro interior desde niños. A través del nick nos damos a conocer ante la red y dejamos que los demás nos vean que somos parte. No ocurre lo mismo con los alias, ya que éstos significan nuestra representación dentro de una comunidad determinada. El alias es un pseudónimo que nos identifica ante nuestros semejantes dentro de un ámbito concreto de intercambio, lo que nos ofrece un determinado respaldo al saber que “hay alguien del otro lado”.
Estas consideraciones han empezado a tomar forma con la creación de mundos virtuales paralelos a los reales. La verdad es que siempre han existido estas formas de darnos a conocer socialmente. Podemos hacernos llamar de una u otra manera que nos identifique o no. Los apodos no siempre nos agradan, pero esa es la forma en la que los demás nos reconocen.
Y tal como sucede en la virtualidad, no siempre sabemos quién está detrás de ese apodo, si es quien nosotros pensamos o es simplemente un avatar.
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